En los años veinte, cuando la falla artística
ya había logrado implantarse como modelo por antonomasia de monumento
fallero, comenzaron a dejarse oír voces que lamentaban la destrucción
total de la obra creada y proponían salvar de las llamas alguna figura
o escena que resaltase del conjunto por su especial calidad. En 1924 se planteó
ya de manera formal, aunque no obtuvo una acogida favorable, el indulto de un
ninot y en 1933 se celebró una cabalgata descriptiva de la historia de
las fallas, de la que salió premiado por votación popular un ninot.
En
1934 el Ayuntamiento convocó un concurso de ideas para introducir nuevos
festejos en la Semana Fallera. En ese marco, Regino Más, artista fallero
y miembro destacado de la Asociación de Aristas Falleros, efectuó
una propuesta que llevaba por título L'¡ndult del foc y que inspiraría
la celebración de las primeras exposiciones de ninots de fallas, así
como el indulto del ninot que obtuviera mayor número de votos en un escrutinio
popular y la creación, en 1936, de la Cabalgata del Ninot.
LA CERA
La información sobre las técnicas y materiales
con que se realizaban los ninots, a finales del siglo XVIII o principios del
XIX, es muy escasa. Al parecer, los cuerpos de aquellas primeras figuras consistían
en un alma de madera o alambre recubierta de estopa y revestida con telas o
prendas viejas. Para los pies se utilizaba calzado en desuso y las extremidades
se formaban con guantes rellenos de esparto.
Hasta la década de los sesenta del siglo xix, cuando empezó a
introducirse el procedimiento de la cera, los rostros se efectuaban mediante
máscara de cartón.
Para modelar la cera el procedimiento era como sigue: primero, se debía
realizar, generalmente en barro, un busto del personaje a satirizar; después,
a partir de la citada escultura se obtenía un molde o vaciado de escayola
cortado en dos o más piezas. Estos moldes se rellenaban con cera fluida
que se reforzaba con finas capas de gasa (tarlatana) para dotarla de mayor consistencia.
Finalmente, una vez obtenida la cabeza, se introducía alabastro líquido
en su interior y se movía con el objeto de crear una pequeña película
en todo su contorno y darle fuerza. A partir de ese momento, la careta estaba
preparada para ser encarnada al óleo.
El resto de la figura seguía vistiéndose al estilo tradicional.
EL CARTÓN
En los años treinta, con la consolidación de
la falla monumental y artística, comienza a implantarse la técnica
conocida como tirar de cartó para confeccionar el ninot de forma estandarizada.
Así lo confirman diversas noticias y reportajes aparecidos en la prensa
de 1934/35 o en el número monográfico que la revista Nova Cultura
dedicó a las fallas en 1937. Siguiendo una técnica utilizada para
la producción de muñecos de juguete, los falleros construían
el cuerpo del ninot como si se tratase de un maniquí al que después
se le colocaban la cabeza y los miembros superiores, y le dotaban de personalidad
propia mediante la indumentaria idónea.
Pero sería Juan Huerta el artista que introdujo en 1953 el modelado completo
del ninot en cartón y, poco después, de la falla entera.
La técnica del cartón se desarrolla en las siguientes secuencias:
En primer lugar, a partir del modelado en barro de la figura, se obtiene un
negativo en escayola, dividido en dos. Se trocean hojas de cartón, se
mojan y pican con el fin de volverlas dúctiles, y se empapan en engrudo,
colocándolas después, formando sucesivas capas, en los recovecos
del molde. Cuando se seca dicho cartón, puede extraerse la pieza y se
encuentra lista para unirla a otras y componer (armazonar) la figura preestablecida.
Una vez construída ésta, se repasa su superficie exterior de nuevo
con engrudo rebajado, se pegan pequeñas tiras de papel de periódico
para cubrir los vacíos y desniveles, se re modela de pasteta con el fin
de lograr la expresión o gesto pretendido y se prepara para ser pintada.
Esta operación recibe el nombre de do nar de panet: la superficie del
cartón se recubre con cuatro capas sucesivas de pasta o de cola. Después
se procede al lijado de la figura (esca tar) para eliminar rugosidades o coágulos
y finalmente se entona y pinta al plástico o al óleo.
EL POLIÉSTER
En
la década de los setenta empezó a usarse un nuevo material hasta
ahora desconocido en el procedo tradicional: el poliéster. Aunque de
mayor coste, debido a su gran resistencia y poco peso, este material resulta
ideal para los trabajos que, tradicionalmente, el artista fallero ha alternado
junto a la realización de fallas. Es el caso de la construcción
de carrozas o trabajos de decoración, aunque fueron durante estos años
numerosos los ninots y remates elaborados con este material.
La técnica es sustituir el cartón por una o dos capas de poliéster
con un acelerante especial y reforzando al mismo tiempo con fibra de vidrio
a modo de tela. El poliéster al reaccionar se endurece y a diferencia
del cartón, que necesita varios días para secarse, lo hace rápidamente.
Una vez secas las distintas piezas en las que se divide la figura, éstas
se unen y sujetan con alambre, para después dar en las juntas una nueva
pasada de poliéster con fibra de vidrio.
Finalmente se lijan las impurezas y se masillan los posibles fallos, quedando
lista para pintar siguiendo el sistema tradicional.
EL POLIESTIRENO
El
arte fallero puede calificarse legítimamente como arte pobre. Siem bre
ha utilizado materiales no sólo efímeros y fungibles, sino también
humildes, baratos y muy comunes. En los últimos años hemos asistido
a la introducción de uno nuevo: el poliestireno expandido o corcho blanco,
que facilita la aplicación de lo que se denomina producción en
directo, es decir, la producción sin molde y, por tanto, sin posibilidad
de reproducción en serie o estandarizada.
Al parecer fue Miguel Santaeulalia quien en 1984 presentó por primera
vez a la Exposición del Ninot un grupo (El fantasma de la renta) que
estaba modelado íntegramente en poliestireno expandido. Este conglomerado
de color blanco, que se presenta en láminas de distinto grosor, permite
obtener texturas muy diversas, pesa poco y es de muy fácil manejo. Mediante
una mesa de tornero y un arco (sencillo aparato eléctrico que termina
en una resistencia), se cortan y modelan las figuras. Las piezas que se obtienen
pueden ser tratadas de tres formas.
Si la textura se considera idónea se pinta directamente. Pero, como es
un material poroso y granuloso, con frecuencia es necesario encartonarlo para
cubrirlo después de panet y pulirlo antes de aplicar la pintu ra. Finalmente
puede pintarse a pistola y acabarlo según las pautas aplicadas al cartón.
LAS FALLAS INFANTILES
Desde que tenemos noticias de las fallas, los niños
y los adolescentes aparecen ocupando un papel central en el festejo, tanto recogiendo
materiales para convertirlos en combustible como animando el momento de la cremación.
Pero, al consolidarse la falla artística y encargar su construcción
a especialistas, aquellos quedaron marginados temporalmente de la fiesta. Sin
embargo, a finales de los años veinte, comenzaron a aparecer con cierta
frecuencia fallas infantiles y poco después la prensa (El Mercantil Valenciano
publicaba un semanario festivo denominado Los Chicos) estimuló esta innovación
creando premios a las mejores fallas hechas por los niños.
En 1936 hubo ya 80 fallas infantiles, se nombró una fallera mayor infantil
e incluso se llegó a celebrar una exposición de ninots de fallas
infantiles.
Esta cifra se mantuvo, con algunos altibajos, hasta la década de los
sesenta y fue a finales de ésta cuando creció notablemente el
número de fallas infantiles. En 1963 se incluyeron por primera vez ninots
infantiles en la Exposición del Ninot (que venía realizándose
desde 1934) con el fin de indultar al mejor ninot del fuego.